Toni.
El capataz me
llama Toni.
Dice que mi nombre real es difícil de pronunciar para él.
Hoy el campo está
a rebosar, los árboles doblan las ramas del peso de la fruta. No sé calcular
los miles de kilos que hay, pero sí sé que somos pocos para hacer todo el trabajo.
Y la fruta, madura y se debe recoger antes de que se estropee.
Aquí me gustaría
a mí encontrarme al tipo de la película que vimos anoche. Un guaperas que
trabajaba en la bolsa de EE UU, el perro o el lobo, no lo recuerdo bien. No sé
por qué puso esta peli el jefe en la cantina donde cenamos. Con lo que me
cuesta a mi ganar un sueldo decente y me veo a esos tipos con sus corbatas, sus
drogas y sus fiestas. Me fui antes de que acabase, no lo soportaba.
Si existen personas que se enriquecen con el
sudor y la vida de gentes sencillas, deberían estar perseguidas por la ley.
Yo solo quiero
trabajar para vivir y ayudar a mi familia.
¿Es pedir demasiado?
El trabajo no
me da miedo. Soy capaz de hacer muchas cosas. Aunque aquí la Licencia en
biología y agricultura de mi país, no me sirve para nada. Cuando llegué pensaba
que sería un buen documento que me abriría puertas, pronto vi que no era así.
No importa, lo que me duele es tener que soportar el odio de algunas personas,
que ni siquiera me conocen.
Ahora me
necesitan.
Tengo que recoger la fruta para que puedan comer. Se acaban de dar
cuenta de que mi trabajo es necesario. No sé cuánto tiempo durará esta
situación de encierro en sus casas.
Desde mi ventana
veo parte de la plantación.
Al menos estoy al aire libre, aunque deba llevar
máscara y guantes de goma.

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