Lupe.
Aprendí muy
pronto a ser feliz con poco.
¿Conoces esas
burbujas de cristal, con un paisaje idílico que agitas y hace caer nieve,
flores o papeles de colores? Ahora estoy así, en el interior de una burbuja de
cristal.
Desde mi ventana
veo un cielo azul claro, con pequeñas nubes blancas, como de algodón. A mi
lado, una persona muy valiosa en mi vida teclea en su ordenador, solo he de
volver la cabeza y ya tengo su sonrisa.
En cualquier
momento me puedo conectar para hablar con mis hijos, con mi hermana, los
amigos, la familia.
No necesito nada,
todo es sencillo, simple, fácil.
Pero la vida,
fuera de esa burbuja, ha dado un vuelco.
De pronto, todo
el planeta está siendo atacado y miles de personas están perdiendo su vida
antes de lo previsto. Tú o yo misma podemos ser una de ellas.
Desde mi ventana,
solo hay cielo azul y golondrinas revoloteando, no veo las camas de los
hospitales, el dolor, la muerte en soledad, no veo el cansancio de las personas
que no paran de trabajar para que salgamos adelante, las mascarillas, el
sufrimiento, pero sé que todo eso está ahí y no puedo hacer nada por evitarlo.
También veo abnegación, ayuda, altruismo, ganas de vivir, música, color, gritos
de ánimo y risas de niños.
Me imagino el
planeta Tierra como una frágil canica, cada vez más diminuta en el espacio, y
nosotros como simples granitos de arena de la playa.
Pero esos
diminutos granos de arena son muy valiosos. Cada uno con su historia personal
llena de emociones. Vidas que merecen un mundo mejor. Un planeta mejor. Un
presente mejor. Un futuro mejor.
Es verdaderamente
imprescindible reflexionar sobre qué vida tenemos y qué vida queremos. La
Naturaleza no nos necesita. Nosotros a ella sí.
Tenemos una gran
oportunidad. ¡Podemos cambiar tantas cosas!
¿Seremos capaces?

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